Prosa y Poesía
Maldita

Desde la luz, el amor y lo divino,
me entrego totalmente a ti.
Hasta lo oscuro, la lujuria y lo maldito.
Yo bebo, y tú bebes de mí.

Presentación

Por Constance Fröhling

Lo recuerdo, el tiempo discurre sereno. Se desliza por mi perfil como dolor ajeno. Pesan las horas sobre mí. Hablan los truenos. Lo recuerdo. Mis manos luchan contra el viento. Mis pasos rompen lamentos. Huyo liviana del amargo cementerio. Salté confiada las murallas de tu palacio. Rogué porque me fueran entregadas las alas que una vez me negó el destierro.

No poseo nombre ni credo. Un fantasma, luz sin fuego. Llora mi piel, enlutada por el miedo. Fue mi voz un inconfesable deseo. Busqué desesperada un lugar donde hallar mi morada. Busqué un lecho sobre el cual poder entregarme a los solícitos brazos del tiempo. Lo recuerdo, amo el tormento. Llegué a tu puerta, armada con el filo del viento. Susurré con la voz del silencio. Caí de rodillas en tu umbral, sollozando, buscando. Sin aliento.

Esta noche no quiero despertar. Muertas las doncellas de leves sonrisas, rubios cabellos y voz dulcemente pronunciada. Soy soledad, oscuridad. Quien espera tras tu puerta. Una sombra de tu pasado que te reclama ahora. Son tus letras dulce néctar de pasión y ansiedad. La pluma ha sido quebrada entre mis dedos una vez más. Necesito la inspiración que me permita gemir en tu respirar. Quedé presa de tu funéreo caminar.

Me prometiste anclar tus raíces en mi soledad. Plus ultra de tus formas quejumbrosas. Recibe de mí estas letras edificadas en el dolor por sentirme culpable de un delito sin castigar. Lo recuerdo, una vez fui espectro desdichado. Sometida al paso de los años. Una vez quedaron mis manos marchitas y resecas en su inútil lucha contra el viento. Dame un recuerdo. El tiempo discurre sereno. Destroza mis labios con tu beso, eterno lamento. Pesan las horas sobre mí. Hablan los truenos.

Una vez te encontré, triste viajero. Más rápido que la sombra. Más inclemente que el fuego. Abre para mí tu puerta. Te lo ruego. He viajado sola a través del Valle de la Sombra. Llego hasta ti sin testigos en mi contra. Me has permitido la entrada al santuario de tus letras arcanas. Me has invitado a santificarlas con mi admiración y a profanarlas con mi sangre derramada.

Viajeros, sed testigos al igual que yo, de este sublime talento que colma deseos con sus líneas esbozadas en placer y en tormento. Quedad como yo, atrapados cual insectos en la tela de tan deseado tejedor de pesadillas y sueños.