Prosa y Poesía
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Lujuria

Sucias fantasías que deleitan los sentidos,
placeres sexuales sin lazos afectivos.
Tan sólo fornicación, para llegar al éxtasis,
que en el fruto prohibido tuvo su génesis…

Puedes tú, sentir el dolor gratificante

Puedes tú – sentir el dolor gratificante –
que mis besos provocarían sobre tu piel.
y sin ninguna duda entregarte
a la manifestación de mi otro ser.

Puedes tú – ser mi esclava –
para deleitar el placer de ultrajarte.
Humillarte y escupir tu lengua mojada,
¿Puedes seguir mi juego degradante?

Puedes tú – bailar ante mis ojos –
como bailan las cortesanas de Satán.
Entregarte y alimentar mis antojos,
mis fantasías y mi apetito carnal.

Tentación

Toma mi mano un momento,
será lo mejor que hayas vivido.
Será más que sólo un recuerdo,
serán tus deseos prohibidos.

Toma tu amor y tu odio,
tu violencia, tu vigor.
Toma tu cuerpo y tu alma,
y hazlos satisfacción.

¡Pues aquí no hay amor!
Sólo se vive de la pasión, del instante.
¡Aquí no hay luz!
Sólo necesitas sentir y entregarte.

Toma tu pudor y tu abstinencia,
tu inocencia, tu virginidad.
Toma tu Dios y sus reglas
¡Abandónalas y déjalas atrás!

¡Pues aquí no hay un cielo!

¡Pues aquí no hay un cielo!
Sólo un mundo sensorial, terreno.
¡Aquí no hay palabras!
Sólo susurros y gemidos eternos.

Toma tu placer y tu dolor,
tu obsesión, tu manía.
Toma tu sed y tu hambre
¡Y sacia tus fantasías!

¡Pues aquí no hay excusas!
Sólo razones que te llevan a más.
¡Aquí no hay continencia!
Sólo complacencia y voluptuosidad.

Sé mía por una noche
y sentirás tu cuerpo renacer.
Toma mi mano – y sígueme –
No debes temer…

Besos Sangrientos

Cómo olvidar tus encantos, tus locuras.
Tu ígnea mirada cuando quieres un beso.
Cómo olvidar esas noches, esas lunas.
Tu sucio lenguaje cuando quieres eso…

La navaja siempre espera entre tus sénos,
el momento perfecto para salir.
Los pensamientos se vuelven obscenos,
cuando el primer roce viene de ti.

Tu boca y la mía se unen por instinto,
ante las mariposas que nacen de sus nidos.
Las hormonas revolucionan en un laberinto,
cuya salida ultima en placeres prohibidos.

Coges mi mano y la llevas a tus pechos,
exhibiendo el tatuaje de un corazón negro.
Me muestras los caminos, suaves y estrechos,
que sostienen el filo de nuestro Gran Cetro.

Los besos siempre surgen con suavidad,
mas nuestras lenguas nadan por todos lados
en ríos de sangre viva que forman un caudal,
cuando muerdes la carne de mis labios.

Y me hieres, con la misma fuerza que te tienta
a tomar de mí todo lo que quieres y deseas.
Sabes que así, mi lujuria y mi placer aumenta,
como si fueran las caricias de mil correas.

Mis manos sostienen con fuerza tu cintura,
en tanto el beso se hace cada vez más pasional.
Las heridas surgen cual placentera tortura,
de tus pechos que bebo como un animal.

Te entregas por completa a mi beso pervertido
y la sangre de mis labios baña tu frágil piel.
Pruebo las delicias de tu cuerpo sometido,
y el sabor de tus labios rojo y miel.

Puedes tú, ser un alma degenerada

Puedes tú – ser un alma degenerada –
y liberar tu sucio instinto animal.
Cual perra gustosa de ser penetrada,
en majestuosa sodomía que amo acabar.

Puedes tú – babear con goce mi sexo –
y succionarlo hasta tu garganta.
Desear en tu lengua aquel clímax obsceno
y beberlo como a mí me encanta.

Puedes tú – someterte cuando relama –
y abra con mis dedos tu íntimo rincón,
oscura abertura entre tus nalgas,
jugosa y carnal perfección.

En Mis Sueños

En mis sueños escucho tu tierna voz,
confesando esos morbosos deseos.
Suplicándome a gritos que yo,
sea el amo y dueño de tus flagelos.

Con cadenas y un collar al cuello,
te deslizas cual sumisa esclava.
A un calabozo frío te llevo
con sacudidas y firmes nalgadas.

Perfección es lo que veo,
en las siluetas de mi vampiresa.
Y como tantas veces lo he hecho,
te sodomizo con rudeza.

¡Violencia! en tu lúbrico templo
y ahogados gemidos que me excitan más.
Como un simple animal me contemplo,
con ansias insanas de pujar y copular.

No puedes hacer más nada,
ante mi instinto y mi brutalidad.
Mi sexo te quiere destrozada,
te quiere oír gemir y sollozar.

¡Una y otra vez! ¡hasta el fondo!
eyaculo con obstinación.
Tu esfínter se vuelve más acuoso
y más crece mi perversa obsesión.

¡Oh esclava de mis fantasías!
tú que regocijas como ninguna.
¡Dame más de tus bellas agonías,
más de tus bramidos de puta!

En mis sueños forjas esta, mi codicia,
haces crecer mi retorcido y ruin afán.
¡Tal como tu nombre lo dice Delicia,
tal como en la nítida y táctil realidad!

Cuanto Goce Sentí

Cuanto goce sentí aquella noche,
en que fuiste mi lasciva posesión.
Gateando y murmurando a mil voces,
la más excitante y amoral penetración.

Usé la punta de mi lengua,
como pétalo extraviado en la voluptuosidad.
Introduje mis dedos – dentro y fuera… –
y gemías risueña al sentirlos entrar.

Tus pechos friccionaban en la cama,
mientras te ofrecías llena de gracia.
Nuestros cuerpos temblaban,
en ese éxtasis que sólo la carne sacia.

Tus manos guiaron mi pasión perversa,
hasta las puertas de la cópula anal.
Empujé con gratificante fortaleza
hasta que la penetración fue total.

¡Cuánto placer en aquella luna llena,
envolvió a mi cuerpo semidesnudo!
Mis manos frotaban tu carne tierna,
mientras elevabas y oscilabas el culo.

Tus gritos eran una erótica melodía;
entrecortada, extasiada y agitada.
Con rudeza delirante me movía,
con locura intensa y desenfrenada.

¡Oh cálida profundidad que se abrió!
al estallido viscoso de mil orgasmos.
Delirante sensación que explotó
en un sin fin de sollozos y espasmos.

La energía sexual dominó nuestro aire
desde el crepúsculo a la amanecida.
Vi una noche etérea y apasionante,
y mi lujuria naciente cobró vida.

Me Mirabas

Me mirabas y reías en la sombra,
con esa expresión pura e inocente.
Aquella que cautiva y provoca
el pensamiento sórdido e indecente.

Bailaste tan impúdica y femenina,
con un atuendo parvo y estrecho,
ostentando tus sensuales ligas
sobre la seda negra de nuestro lecho.

Tu lengua jugueteaba con mi vista,
estimulando el deseo de tus labios.
Alzaste tu vestido, cual musa atrevida
con movimientos lentos y sabios.

De rodillas, me mirabas,
tentando mi género con tus manos.
Sonreías traviesa y succionabas
presa de un apetito desquiciado.

Ansiosa relamías y, me mirabas
como queriendo cada vez más.
Tus ojos delineados me acechaban
con una perversión estimulante.

Cual ramera escupías, mamabas…
¡Y me mirabas, haciéndolo más intenso!
Exhibías tu lengua y luego te apartabas
dejando un hilo pegajoso y tenso.

Decías acaba sobre mí, lo quiero…
y abriendo tu boca me incitabas.
Entonces sentía un fuego interno,
que al apreciar posabas la cara.

Y bebías gozosa mi eyaculación
mostrando tu lengua lechosa.
Fuí adicto a la felación,
de tu garganta y labios de diosa.

Puedes tú, ser mi ama

Puedes tú – ser mi ama –
y utilizarme para tu satisfacción.
Hacer de mí un placentero juguete,
que esté a tu absoluto control.

Puedes tú – fornicando mostrarme –
toda tu mórbida voluptuosidad.
Y sádicamente rasguñarme,
dejando la marca de tu propiedad.

Puedes tú – bañarte en la sangre –
que derramen mis propias heridas.
Frotando lascivamente tu carne
contra mi cuerpo sin vida…

Perversión

Como un ángel te revelaste,
pero sádica y sin emoción.
Me tomaste y encadenaste
en aquella lóbrega habitación.

Reposaba colgado cual esclavo
indefenso ante un gustoso castigo.
Te acercaste sigilosa a mi lado
y susurraste eres mío…

Y llegó la primera caricia tuya,
¡Oh tortura grata y formidable!
que una y otra vez ante la luna
parecía un momento interminable.

Sólo escuchaba tu cálida voz,
cuando retozando me insultabas.
Paseando serena a mi alrededor,
mientras la euforia se mitigaba.

Te movías con la misma delicadeza,
que la brisa mueve una flor y sus encantos.
Recorriendo mi torso con tu lengua
y frotando mi cuerpo con tus manos.

Cogiste el látigo que yacía inerte,
para fustigar mi espalda otra vez.
El dolor volvía más que fuerte,
así como volvía también mi placer.

Gritaba extasiado y entregado
a lo que dictara tu cruel voluntad.
Moraba gratamente ensimismado
en mi dolor y tu perversidad.

Desde mi boca se hizo el camino
que tu lengua fregó hasta mi sexo.
Y que saboreabas como el vino,
embriagándote en exceso.

Quitaste mis cadenas y me besaste,
arrojándome a tu plácido lecho.
Con un fogoso impulso te montaste,
lamiendo la sangre de mi pecho.

Una daga floreció entre tus dedos
y la bestia surgió como un tornado.
¡Oh musa mía mi alma te concedo,
arroja sobre mí tu deseo trastornado!

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