Prosa y Poesía
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Santísima Muerte

Preludio

Solía coquetearme con su inquieta cuchilla,
sosteniendo en su mano tierna, mi vida.
Hasta que mis venas fueron la más mórbida tentación.
El clímax, de su más deseada satisfacción.

Entonces Ella se manifestó, luciendo su corona
con espinas derramando lujurioso carmín.
Su lengua serpentina se insinuaba dichosa.
Su mirada inmortal se apoderó de mí.

La envolvía un aura blanco invierno.
Quedé hechizado por sus movimientos
que parecían invocados del profundo mar.

Se acercó con pasos flotando en el tiempo.
Supe que era mi último aliento,
cuando sus colmillos no me dejaron escapar.

I

Soñé contigo, una cósmica noche.
Tus rojos filos me buscaban…
susurrando mi antiguo nombre
en miles de lenguas olvidadas.

Una agónica luna colgaba quebrada,
desde un cielo galáctico y hambriento.
Los astros parecían caer en picada,
como almas en perpetuo movimiento.

Te vi danzar, entre sombras y cristales.
Todo en ti estaba llamándome.
Los mismos dioses querían ser mortales,
cuando tus aguas me encontraron - besándome.

Y es que en tu beso yacían dulces sabores,
que otras mil veces más quise probar.
Desperté sediento, escuchando aún tus voces,
ansioso por nacer una vez más.

II

Una vez te bebí, manantial de desvelos,
y caí en tu ensueño que plácido evoca
la brisa sumisa en tus lagos negros,
la húmeda locura en tu boca.

Escuché el murmuro de tu viento,
devorando las entrañas de mi mente.
Y en una explosión de mi aliento
llegué a lugares, que sólo ve un demente.

Caminé sereno al espejismo de tus desiertos,
conquistando dunas y parajes inciertos.
Caí en toda piedra que tentó mi alma perdida
y terminé maldito, con tu agua bendita.

Una vez te bebí, y quedé cautivado
por tus olas de vibrantes misterios.
A veces danzo, aún embriagado,
y me lanzo a tus espacios, y tus tiempos.

III

Hay un momento en la noche,
que enciende un mundo espectral.
Y cuando al insomnio dejo que me toque,
te conjuro en un fastuoso ritual.

Tu piel se vuelve nieve,
iluminada por luces abandonadas.
Como las que brillan opacamente
en los bosques mágicos de la madrugada.

Hay un momento en la noche,
donde la muerte en tus ojos se ve aún más.
Me seduce, llenándome de goce.
Me absorbe toda su majestuosidad.

Entonces liberas tus encantos,
extendiendo tu mítico manto sobre mí.
Y aunque falta de virtudes, y aún falta de pecados,
te ofrendo mis vidas enteras junto a ti.

IV

Etérea silueta de ocultas perfecciones,
caída desde un firmamento sin sol.
Inocencia que atesora mis perversiones,
jugando entre el placer y el dolor.

Crucifica mi cuerpo corrupto,
ávido de tus caricias libertinas.
Mis ojos enamorados de tu halo nocturno,
buscan los pasos que lento caminas.

Pasión celestina de las musas,
que el mismísimo Dios prohibía.
De tus abismos brota el pálido destino,
que todos los poetas malditos invocan.

Agua embrujada, amante de lunas,
estirpe secreta codiciada por el día.
Voy a escalar tus montañas, beber de tu río.
En aquel tuyo paraíso que emprenden tus bocas.

Interludio

La luz de la ciudad apenas penetraba,
por una desolada ventana al anochecer.
Las sombras vivas de una vela encantada,
pululaban por doquier.

Ella me miró, como mira un alma solitaria,
mientras me seducía por toda la habitación.
Tomó mi mano con sabiduría milenaria,
y simplemente, perdí la razón.

Ella ardió y ardió en mis venas,
y cuando sonriendo lamió de ellas...
ya nada me podía salvar.

Caí y caí... hasta sentir que ascendía.
Abandoné la carne impía,
y me abrazó su oscuridad.

V

Ámbar legendario, de los confines,
de los océanos, de las tierras y el más allá.
Umbra que entre espíritus y delfines
de místicas corrientes, en mi muerte danzará.

Eres tú mi diosa, mi tétrica memoria
de lluvias pasadas y soles lejanos,
engendrando nuestra dulce historia
de primaveras y otoños, de inviernos y veranos.

Oh ninfa perdida, entre sánscritos y glifos,
que desde eones de eones a los dioses solía inspirar.
Devoción de religiones, rituales y exorcismos.
Placebo de pociones, bendecidas por Ishtar.

Eres tú mi orgasmo, en Edenes encarnada,
segadora de inmortales y no-humanos
buscando desolados tu mirada encantada,
para entregar su corazón, en tus manos.

VI

Mausoleo de aventuras, de mi vida pagana,
donde yacen los tesoros que de ti adoré.
Eres tú mi jardín, con la prístina manzana,
deseada incluso más que el placer.

Sendero de mis viajes, a oníricas constelaciones,
que en astrarios tus alas transformaron.
Eres tú mi pacto, con las ocultas vibraciones
que mis ojos una vez contemplaron.

Vi a los caídos, de los antiguos pergaminos,
manifestando su luz en forma de carne.
Ellos deambulan en todos mis caminos,
forjando mi destino como el arte.

Esa hora a ti, como ahora quise besarte,
y junto al brillo ígneo de Venus
tus flores respiré y quise amarte,
hasta encontrar mi Sopor... Aeternus.

VII

Ella, no es ella cuando te encuentra.
Ella embellece para llevarse tu alma
y es su condena la que lamenta
cuando te lleva al nirvana.

Acaso eres tú, en tu forma humana
que a partir de espesas sombras divisé,
la fuente misteriosa de mi arte que mana
desde que de ti me alejé.

Acaso fui yo, en un delirio fulminante,
que mi retina mundana rehúsa olvidar,
que en lugar del olvido, me convertí en caminante,
buscando quizás un destino fatal.

Acaso quieres ser tú, mi diosa de la muerte,
quien me lleve con sus conjuros hasta el cielo.
Quieres ser tú, aquel respiro elocuente,
que se vaya silente en mi último desvelo.

Continuará...

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